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lunes, 3 de enero de 2022

DESMOND TUTU Y SU DISCURSO EN CALI : "MI HUMANIDAD ESTA CONTENIDA EN LA DEL OTRO" (tratando de entender 124)





Desmond Tutu y su discurso en Cali: “Mi humanidad está contenida en la del otro”

El recién fallecido Premio Nobel de Paz sudafricano estuvo en Colombia como invitado al Primer Simposio Internacional de Justicia Restaurativa en 2005. Este testimonio inédito mantiene plena vigencia en un país que no logra consolidar la paz ni caminar colectivamente hacia la reconciliación.

Tomado de ELESPECTADOR.COM  02 01 2022





Desmond Tutu captado en 2005 durante su visita a Cali, donde su conferencia llenó el auditorio de la Universidad Javeriana.
Foto: Archivo particular de María Eugenia Garcés-Campagna


¿Un milagro?

Si las palabras libre y democrática se hubiesen aplicado a la Sudáfrica anterior a 1994, se trataría de algo totalmente inapropiado y de una burla. Estas palabras no se hubieran podido utilizar. (Recomendamos: Así fueron las honras fúnebres a Desmond Tutu en Ciudad del Cabo).


Según cuentan, un día en la época del apartheid, Zambia, un país litoral, envió a Sudáfrica a uno de sus ministros y este se presentó como encargado de asuntos navales. No obstante, los sudafricanos comentaron: “Pero, ¿cómo pueden tener un ministro de asuntos navales cuando su país no tiene litoral y no tiene una salida al mar?” A esto el ministro de Zambia replicó: “¡Ah!, pero ustedes en Sudáfrica tienen un ministro de Justicia”. Sí, esos eran los tiempos cuando no se podía aplicar a Sudáfrica las palabras “libre” y “democrática”…

Queridos amigos, lo que parecía totalmente imposible, improbable, que Sudáfrica pudiera deshacerse del atroz flagelo del apartheid, finalmente sucedió. Así que estamos aquí para decirles: “¡Oigan!, aquí en Colombia se puede alcanzar la paz”.

Muchas personas mencionan los eventos de Sudáfrica, que culminaron en el establecimiento de un plan democrático, como nada menos que un milagro. Esta afirmación tiene su contenido de verdad porque reconoce que con esos antecedentes, con nuestra historia, esto no habría podido suceder o se habría presentado un mayor derramamiento de sangre del que se presentó en realidad.

Es importante que nos demos cuenta de que antes de 1994 la situación era atroz… Cada aspecto de la vida era separado. Todo se establecía de acuerdo con el color de la piel: el lugar de la vivienda, la escuela y la iglesia a las que se asistía y el lugar donde lo enterraban. Existía una pirámide social, política y económica. En la parte superior estaban los blancos, seguían los indios, luego las personas de color y, finalmente, la base, que eran los negros y que proporcionaban la mano de obra barata. Todo se hacía sin sutileza. La política consistía en mantener a la persona de raza negra en su lugar. Ustedes podrán imaginarse el profundo resentimiento, la rabia y la amargura que esto generaba. ¿Se imaginan qué se puede sentir cuando ni siquiera podemos ser ciudadanos de segunda clase en la tierra que nos vio nacer?


Nuestro pueblo resistió de forma no violenta, pero se le recibió con intransigencia y brutalidad. Un ejemplo de esto fue el asesinato en Sharpeville, en 1960, de los manifestantes desarmados que se oponían a la ley de circulación. La mayoría recibió tiros en la espalda cuando se alejaban corriendo de la zona. Por lo tanto, los movimientos de liberación adoptaron la lucha armada, y durante esta lucha ambos bandos cometieron atrocidades.

La mayoría de los blancos estaban determinados a aferrarse a una forma de vida que les brindaba un alto nivel y muchos estaban dispuestos a defenderla hasta derramar la última gota de sangre. Otros blancos apoyaban la lucha contra el apartheid.

Los negros decían que ellos también eran seres humanos con derechos inalienables y que no podían seguir inclinándose bajo el yugo de la opresión y de la injusticia racista. Durante la lucha por la liberación se violaron los derechos humanos y muchas personas fueron asesinadas, otras torturadas y muchas encarceladas. Cuando uno preguntaba a la mayoría de la gente cómo se resolvería el problema de Sudáfrica, casi todos concordaban en que el país se vería arrasado por una brutal matanza y un baño de sangre.



Amigos colombianos, quiero recordarles que cuando se iban a celebrar las primeras elecciones de 1994, la violencia ya se había convertido en un mal endémico. Parecía que iban a cumplirse las terribles predicciones del baño de sangre…

Pero más tarde, en lugar de la temida catástrofe, el mundo observó con alivio y sorpresa, e incluso temor, cuando las largas filas de sudafricanos de todas las razas se dirigían hacia las mesas de votación, en ese mágico día del 27 de abril de 1994, cuando votamos por primera vez en unas elecciones libres y democráticas. El milagro había ocurrido.

Humanidad compartida

Las dos partes, el gobierno del apartheid y los movimientos de liberación, se dieron cuenta de que ninguna de las partes derrotaría al adversario. Sin embargo, aunque se entendía esta situación, no se llegaría automáticamente a un acuerdo. Ambas hubieran podido seguir la lucha hasta llegar a un punto muerto en una guerra de desgaste que ninguno podía ganar. La presencia de líderes valientes, de ambas partes, deseosos de correr el riesgo de tener una pizca de fe en la otra, permitió que una situación de estancamiento estéril se convirtiera en una oportunidad dorada para la libertad.



Estos valientes líderes decidieron que iban a sentarse y hablar, en vez de luchar y luchar. Se requería valor y tener la voluntad de correr riesgos. Hasta ese momento el “otro” era el enemigo, el terrorista, el violento, descrito en estereotipos, y que no se consideraba como un individuo.

Cuando se hace la guerra, en donde se mutila y mata a seres humanos, generalmente se suele pensar en el adversario como en el demonio, se le despoja de la humanidad y así uno se siente libre de hacer cualquier cosa con ese enemigo.

Tuvimos la fortuna de contar con dos líderes (Frederik de Klerk y Nelson Mandela) que tenían suficiente credibilidad y poder político para confiar en su electorado. No se trataba simplemente de un paseo dominical, pero cuando finalmente se sentaron a hablar se encontraron gratamente sorprendidos al descubrir que sus antiguos enemigos eran seres humanos, con las mismas aspiraciones y ansiedades. Asimismo, los blancos que habían recibido tanta propaganda negativa se mostraron sorprendidos al encontrar que sus compatriotas de raza negra eran brillantes. Habían acariciado la idea de aislarlos, pero finalmente se cambió la suerte.



Dos de los principales negociadores, un afrikáner (sudafricano de origen blanco) y el otro de raza negra, se dieron cuenta de que ambos disfrutaban la pesca y la cocina, así que muchos aspectos espinosos y difíciles se resolvieron mientras estaban en estas actividades. Se dieron cuenta de que se lograban mayores avances no a través de la intransigencia, sino de la disposición de llegar a un término medio y lograr ganancias para ambas partes. Ellos establecieron un número mínimo de asuntos no negociables y de condiciones previas. Y mientras tanto, nosotros orábamos.

Ubuntu

Aquellos que negociaron nuestra transición de la represión a la libertad decidieron, por misericordia, tratar con nuestro horrendo pasado. Sabían que la opción del tribunal de Nuremberg no era realmente por lo sucedido en Nuremberg, sino porque los aliados derrotaron a los nazis y podían imponer la justicia del vencedor. Si nuestros negociadores hubieran aceptado esta opción, es muy seguro que todo el proceso se habría derrumbado. Además, rechazaron la opción de la amnistía general, porque indicaba que los victimarios se perdonaban a sí mismos por lo que solo ellos sabían y esto victimizaba a las víctimas, por segunda vez.



Se escogió a cambio un camino alternativo, de amnistía individual, en contraprestación por la plena confesión de todos los hechos que se relacionaban con el acto cometido. Se optó entonces por la justicia restaurativa en lugar de la justicia que solo penaliza. El objetivo era curar y no tanto castigar. Esta se basó en un concepto africano (Ubuntu), según el cual una persona es una persona a través de otras personas. Cuando usted se deshumaniza, yo también me deshumanizo, porque mi humanidad está contenida en la suya.

Estábamos desconcertados por las revelaciones de la depravación de la que somos capaces como seres humanos, de los niveles tan bajos a los que podemos caer. Pero para nuestra sorpresa, nos alegramos de nuestra capacidad para la bondad, en muchos casos cuando las víctimas se mostraron magnánimas al perdonar a aquellos que las hicieron sufrir de una forma tan dolorosa. Así, nosotros escogimos el camino del perdón y de la reconciliación en lugar del camino del castigo y de la venganza.

* Edición de Diego Arias. Este simposio fue convocado por la Fundación Alvaralice, la Universidad Javeriana, la Fundación Paz y Bien y la Corporación Excelencia en la Justicia. Tuvo lugar en Cali entre el 10 y 13 de febrero de 2005.



sábado, 5 de agosto de 2017

CARTA DE DESMOND TUTU A LOS COLOMBIANOS. TRATANDO DE ENTENDER (79)

CARTA DE DESMOND TUTU A LOS COLOMBIANOS

Queridas hermanas y hermanos colombianos,

Les escribo con inmensa alegría, tras enterarme de que un proceso de paz se puso en marcha en su país, para desearles lo mejor en el emocionante camino que tienen por delante.

El hecho de que en su tierra, que por muchos años ha sido golpeada por el conflicto, hayan acordado hablar sobre un compromiso de paz y reconciliación le envía un mensaje de esperanza al mundo entero. Si los colombianos pueden acercarse entre sí y conciliar sus diferencias, también pueden hacerlo los miembros de nuestra familia que viven en Israel y Palestina, en Siria y Libia, en el Tíbet y China, en Burma, en Zimbabue y Sudáfrica.

Hay muchos paralelos entre el conflicto colombiano y nuestra experiencia en Sudáfrica. En 1948, cuando La Violencia se apoderó de un país, se introdujo el apartheid en el otro. Y aunque el apartheid le añadía un enorme factor racial al conflicto, en esencia, las dos luchas enfrentaron a quienes tenían poder y recursos a los que no. En ambos países, cientos de miles de ciudadanos fueron desplazados forzosamente. Los dos países se convertirían en sinónimo de división violenta y fueron rechazados en el mundo.

"Hay más represión de la libertad individual aquí que la que hay en cualquier país en el que hayamos estado; la policía patrulla las calles con sus rifles y pide papeles cada minuto... El ambiente es tenso y pareciera que se está gestando una revolución. El campo está inmerso en una lucha abierta y el ejército no tiene la capacidad para reprimirla." Esta podría haber sido una descripción del apartheid en Sudáfrica, pero, de hecho, es un extracto del diario del 'Che' Guevara sobre su visita a Colombia en julio de 1952.

La violencia genera violencia y esta, a su vez, genera más violencia; y tanto los sudafricanos como los colombianos han pagado un precio terrible, no solo en lo físico, sino también con sus almas y corazones heridos.

Lo que hemos aprendido y seguimos aprendiendo en Sudáfrica es que en muchos aspectos hacer la paz es más difícil que hacer la guerra. Reconciliarse con los antiguos enemigos es muy duro. Ser magnánimo, pese a los amargos recuerdos, es extremadamente difícil. El perdón no puede darse por hecho; hay que ganárselo. Pero a menudo se lo ofrecemos generosa y abiertamente a quienes no lo merecen. Curar las heridas no es algo que ocurra de manera instantánea; puede ser un proceso largo y sinuoso. Y para que este sea exitoso es necesario que todos los individuos seamos mejores personas, para ver el mundo no solo desde nuestra mirada, sino también desde la del otro.

Nuestra experiencia en Sudáfrica nos enseñó que, sin importar de qué lado del conflicto estábamos, llegaba un momento en el que debíamos arriesgarnos a dejar de lado nuestras diferencias, para crear oportunidades en que pudiéramos sanarnos. Los primeros pasos fueron hablar y escuchar; hablar unos a otros en vez de hablarle al otro, y escucharnos.

En Colombia, tanto a quienes apoyan a grupos paramilitares de derecha como a los que apoyan a los de guerrilleros de izquierda, a los grandes terratenientes y a quienes han sido desplazados a las ciudades, incluso a quienes están o no activamente involucrados con los cultivos ilícitos, que abastecen el conflicto, o con su erradicación, les llega un momento de reconocer al otro por lo que en el fondo somos todos: miembros de una familia, la familia humana, la familia de Dios.

En Sudáfrica, cuando los líderes de los diferentes partidos que habían estado en guerra se sentaron a hablar, literalmente no podíamos creer lo que estaba sucediendo frente a nuestros ojos. ¡Allí había antiguos enemigos declarados! Ayer, ellos habrían querido hacerse daño físico; ¡hoy están hablando como hermanos y hermanas!

Que nosotros hubiéramos conseguido la democracia habla del hecho de que no podemos permanecer aislados los unos de los otros. En Sudáfrica le llamamos a este tipo de confianza en el otro 'Ubuntu' (filosofía africana basada en las relaciones entre las personas): mi destino está relacionado con el tuyo. Somos quienes somos a través del otro. Yo no puedo ser sin ti.

Invitamos a representantes de todas las formaciones políticas a participar en nuestro proyecto nacional. Tuvimos la primera elección democrática de nuestra historia. Luego, los representantes de esos partidos que fueron elegidos democráticamente se sentaron a escribir una constitución y una declaración de derechos. Trabajaron por un propósito común, con miras a la meta común de construir una nación en la que todos los ciudadanos tuvieran las mismas oportunidades de prosperar.

Nos dimos cuenta de que no podíamos esconder nuestro dolor debajo del tapete y se creó un mecanismo para incentivar a los perpetradores de la violencia a que buscaran un perdón legal (amnistía de la persecución), siempre y cuando sus acciones tuvieran una motivación política y que estuvieran dispuestos a contar toda la verdad.

Llamamos a este mecanismo la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, institución y proceso que tuve el honor de liderar. Aprendimos acerca de la especial relación entre verdad y perdón, cuán importante es para las víctimas y los perpetradores contar y escuchar sus historias, y que estas sean reconocidas por los otros.

Siempre llega un momento para reconocer nuestro papel dentro del conflicto cuando hay dificultades en el proceso, de dejar de culpar a los otros y de enderezar las cosas para el beneficio de nuestros niños, de nuestro país y de nuestro mundo compartido, que es nuestro hogar.

Felicitaciones, Colombia. Que Dios los bendiga en el camino que tienen por delante.

Con amor,
ARZOBISPO EMÉRITO DESMOND TUTU
Ciudad del Cabo

El 'padre' de la Nación del arcoÍris

Desmond Tutu nació en Sudáfrica en 1931. A finales de los 60, después de ordenarse, empezó a denunciar la situación precaria en la que vivía la población negra con el 'apartheid'. Lideró la Comisión para la Verdad y la Reconciliación en su país, y en 1984 recibió el Premio Nobel de Paz. Le atribuyen la creación del apelativo 'nación del arcoíris' para hablar de Sudáfrica como un país diverso.

FUENTE: EL TIEMPO.COM  septiembre 2012


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