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martes, 3 de abril de 2018

NO ES PAIS PARA LA CALMA. Tratando de Entender (88)


Por: Héctor Abad Faciolince  elespectador.com

No es país para la calma

He estado leyendo el último volumen, Mundo es, de los diarios de Andrés Trapiello (una novela en marcha, Salón de pasos perdidos, según su ambicioso proyecto que llega ya a 21 tomos) y encuentro que este perspicaz observador de lo que va viendo a su paso por el mundo anota la siguiente reflexión sobre Colombia durante un viaje que hizo por estos lados hace diez años: “En el trópico, o lo que sea esto, las cosas suceden a tal velocidad que unas acaban tapando a otras, igual que en la selva la vegetación engulle los restos de un avión estrellado”.
Siempre he tenido esa misma sensación de vértigo, una especie de frenesí hiperactivo, cuando regreso a mi país tropical después de pasar largas temporadas en los países donde he vivido (España, Italia, Alemania). Llega uno de un sitio en el que la productividad y la eficacia son indudables (Alemania) y siente que aquí nos agitamos más: trabajamos como locos, frenéticamente, pero sin ninguna eficiencia. Nosotros creemos que “pa’ mañana es tarde”. Ellos siguen un viejo precepto más sabio: “despacio, que estoy de prisa”. A veces es la misma amabilidad lo que nos mata: aquí la farmaceuta, el vendedor de fruta, la señora en el puesto de información, no atienden una persona a la vez. Para no hacer esperar a los que llegan, van atendiendo a todos al mismo tiempo, y al final todos quedamos mal atendidos.
Lo veo yo mismo, si comparo mis diarios —que los tuve— con los de Trapiello. Los míos están arrumados en un baúl, criando polillas y en perfecto desorden. Él viene transcribiendo y publicando los suyos desde 1987, y más o menos cada año y medio produce un nuevo volumen. Lleva un ritmo sereno, seguro, constante. Un amigo suyo se lo dijo así: “Somos hombres de lluvia fina”. Lo cual se entiende bien cuando lo explica: “Lo que hacemos son obras de ir calando poco a poco. Los hay que son de chaparrón o de trombas o de galernas, pero nosotros somos de llover cada día; nadie se da cuenta del sirimiri, hasta que de pronto estás calado”.
Nuestro país, e incluso nuestros escritores, son territorio de huracanes, de tormenta, seres atronadores, excesivos, desaforados: Vargas Vila, Fernando González, García Márquez, los nadaístas, Vallejo... El clima es igual: el que no ha visto llover aquí no sabe lo que es un aguacero. El que no ha oído tronar aquí no sabe lo que es tormenta. Un país de bochinche, ruido, música a todo taco, pólvora. Hasta los caballos son locos porque los que gustan no son los mansos, sino los incontrolables. Las drogas que exportamos son estimulantes, excitantes: café, cocaína, alcohol, éxtasis.
En política triunfan, también, los que van avanzando a los codazos, a los coscorrones, a los alaridos o a los hijueputazos. Antes Laureano y Gaitán, luego Uribe, ahora Vargas Lleras y Petro. La diatriba, la indignación, el alarido. Aquí la calma aburre. Aquí los expulsados de la república son los moderados; aquí no tuvo cabida Gabriel Turbay (que terminó suicidándose), ni la tienen Fajardo o De la Calle, porque no insultan ni azuzan. Aquí vivimos al borde del magnicidio y de la guerra civil hasta cuando parece que estamos saliendo de ella. Y el presidente más moderado que ha habido en el último medio siglo sale entre silbatinas y por la puerta de atrás, con peor índice de aprobación que represores compulsivos y ladrones.
Colombia no es país de lluvia fina ni es país para la calma. En el trópico, “o lo que sea esto”, pocas veces llovizna y si llovizna no nos parece bueno: un calabobos. Aquí exageran las montañas, los ríos, los torrentes, los vientos, las tormentas, la humedad, el calor, la vegetación, los insectos, los hongos, las bacterias, los virus, las enfermedades. Nos gusta el alboroto, el escándalo y la alharaca. ¿La medianía, el centro, la moderación, la serenidad? Por favor, eso es solo tibieza, mediocridad, bobada. Hasta nuestros dichos invitan al afán y al desenfreno: “Cualquier cosa, menos quietos”; “el que piensa pierde”. Así nos va.

jueves, 4 de mayo de 2017

LOS MILITARES TIENEN A SANTOS BAJO CHANTAJE: MYLES FRECHETTE tratando de entender (69)


Fuente: elespectador.com autor: Jorge Gómez Pinilla


Los militares tienen a Santos bajo chantaje: Myles Frechette


Exembajador de EE. UU. en Colombia en la época de Samper, dice que Acore es quien presiona para que a los militares no se les dé el mismo tratamiento que a la guerrilla en la JEP.

Fuente: elespectador.com autor: Jorge Gómez Pinilla


El embajador de Estados Unidos en Colombia durante el proceso 8.000, Myles Frechette —a quien Jaime Garzón llamaba “procónsul” y Horacio Serpa definió como “gringo maluco”— publicó en 2015 un libro-entrevista con el periodista Gerardo Reyes (Frechette se confiesa, Editorial Planeta), donde al ser preguntado sobre los posibles autores del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, habló de un grupo de militares retirados. Teniendo en cuenta que él era quizás la persona mejor informada sobre lo que ocurría en el país en ese entonces, y que en el libro confesó que “hay secretos de Estado que no los voy a contar”, viajé hasta Washington a entrevistarlo, en busca de que aportara nuevas luces que contribuyan a esclarecer ese crimen.

El resultado fue una conversación de cuatro horas sin pausa en la terraza interior del hotel Bethesda Hyatt, durante las cuales, a sus 81 años a punto de cumplir, no mostró la menor señal de cansancio y solo bebió un café americano acompañado de un vaso de agua. Allí hizo importantes revelaciones para una publicación que saldrá en próximos días, pero aquí he extractado sus puntos de vista sobre algunos temas de actualidad que tocó, como el “chantaje” que le estarían haciendo al presidente Juan Manuel Santos los militares agrupados en ACORE. A su vez, se refirió al expresidente Álvaro Uribe en duros términos; según Frechette, el desarme de los grupos paramilitares ocurrido durante su gobierno fue algo “completamente chimbo”.

En su libro, al referirse al golpe de Estado contra Ernesto Samper que se estaba fraguando y al que se le ve relacionado con el asesinato de Álvaro Gómez, usted dijo: “yo creo que ellos, los militares jubilados, le pidieron a él que encabezara ese gobierno”. Todo indica que se refiere a la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares (ACORE), y queda entonces la impresión de que usted sabe más sobre el papel que pudo haber desempeñado esa asociación en torno a ese crimen…

Bueno, mire: ACORE es una organización poderosísima en Colombia. Ya ve usted el chantaje que le están haciendo al presidente Santos para que no les den el mismo tratamiento a los militares que a la guerrilla por crímenes de lesa humanidad. Llega un momento en que ellos dicen “¡Ni puel carajo!”. Santos los oye y toma asiento con ellos, pero no están totalmente contentos y siguen presionando. Y van a seguir así, porque si yo fuera uno de ellos pensaría igual en cuanto a que es posible que yo haya hecho cosas brutales, pero lo hice por el bien de la patria.

¿Quién cree que saldrá ganador en ese pulso entre los militares y Santos?

Santos es una persona que tomó un rumbo diferente a su antecesor. Él tiene una visión internacional de Colombia. Comenzó con un acuerdo mutuo de no agresión con Chávez, porque eso estaba medio candela, ¿no? Y decidió hacer el acuerdo de paz con las Farc, hizo muchos acuerdos de libre comercio, y comenzó a abrir espacios y horizontes participando más y más en organizaciones internacionales. Muchas de las cosas que ha hecho Santos son cosas que le han hecho mucho bien a Colombia. Ahora, en lo de ACORE, es obvio que, si Santos no hace algo para eximirlos, ellos seguirán presionando.

Llama la atención cuando usted dice que ha habido militares que hicieron cosas brutales, pero lo hicieron por el bien de la patria. En el caso del crimen de Álvaro Gómez, ¿ve alguna posibilidad de que lo hubieran hecho también por el bien de la patria?

No. Lo hicieron simplemente porque querían borrar su rastro, borrar la conexión entre ellos y Álvaro Gómez. Cuando él les dijo que no, ellos pensaron “caracho, de pronto el tipo suelta la letra o se le sale algo”.

¿O sea, lo inmolaron?

Lo inmolaron, sí. El autor material pudo ser cualquier persona. Pero los autores intelectuales están ahí todavía, ahora. No sé a dónde, pero están en Colombia. No han sido apresados, no han sido detenidos, nada.

Esto encaja con la teoría de Claus Roxin sobre los aparatos organizados de poder: en los crímenes de autoría mediata, la voluntad conductora de la acción corresponde al autor mediato y no al ejecutor material. En el caso del asesinato de Álvaro Gómez todo indica que fue obra de un aparato organizado de poder desde el estamento militar, pero del que solo fue encontrado culpable un autor material, Héctor Paul Flórez, quien por cierto acaba de salir libre por pena cumplida. ¿Es ese aparato organizado de poder el que sigue impune?

No le puedo contestar, pero me llama la atención que el grupo de ACORE sigue presionando públicamente al presidente Santos para que les dé una escapadita. Yo no soy el único que piensa eso, también Human Rights Watch (HRW) y toda la gente que se ocupa de Derechos Humanos, todos ellos creen que es así. La presión de ACORE ha hecho retroceder varias veces al presidente Santos, y eso indica que tienen mucha influencia. No sé si él contempla que ellos pudieran tomarse el poder, lo dudo. Pero podrían arruinarle todo el esquema. Santos sigue bajo presión, y creo que los de ACORE están tratando de salvar su pellejo.

¿Ese “salvar su pellejo” incluye medidas desestabilizadoras?

No, yo creo que no. Ellos siempre han dicho, y usted lo ha leído: “Nosotros somos sirvientes del Estado. Si hicimos alguna cosa en forma errada, fue al servicio de la patria”. Tiene una cierta lógica, pero la cosa es que el Derecho Internacional Humanitario (DIH) establece que hay todo tipo de militares que cometen crímenes de lesa humanidad. Yo recuerdo haber leído un artículo que hablaba de unos militares que llegaron a un lugar y encontraron a ciertos hombres con uniforme de guerrilla, y no se les veía ningún balazo. Pero al quitarles la chaqueta, habían sido acribillados.

¿Deberían estar los autores de esos delitos, conocidos como falsos positivos, cobijados por el tribunal de la Justicia Especial de Paz (JEP)?

¡Claro que no! Y HRW y otras organizaciones están de acuerdo en que no debe ser así, y leí un informe de hace menos de una semana donde la HRW se opone, pero no solo en Colombia sino al nivel de la Corte Penal Internacional (CPI). Todos los esfuerzos de ACORE hoy están empeñados en torcerle el brazo al presidente Santos. Cuando yo llegué a Colombia recuerdo haber leído un informe sobre la mendacidad de las Fuerzas Armadas. En un lugar, creo que era Antioquia, había una base militar y a medio kilómetro de ahí había una base de los paramilitares. Y los militares, con una cara de yo no fui, decían ante la evidencia: “No es verdad”. Eso indica que en Colombia el poder de los militares es enorme.

¿Pueden las organizaciones de Derechos Humanos presionar por su lado para que esos crímenes de lesa humanidad no queden impunes?

Yo conozco gente de HRW y son personas decentes, muy creíbles, y están empujando. Si no fuera por la presión de ellos, al presidente Santos le habría quedado más fácil resolver el tema con ACORE. Pero en este momento está en una situación bien difícil. ¿Por qué? Porque Trump no sopla hacia Colombia con buena gana, y nadie sabe lo que pueda pasar. Los colombianos se metieron al proceso de paz creyéndole a Sergio Jaramillo, en cuanto a que la implementación de los acuerdos tomaría diez años y que habría mucha plata. Y Cárdenas puso la reforma tributaria, y mucha gente quedó descontenta con eso. Ciertos elementos del acuerdo de paz están cuestionados por personas serias. Seguir adelante como si no pasara nada, no es suficiente. Hay dudas en Colombia, hay un tufo de corrupción poderosísimo, y eso le está haciendo mucho daño a Santos. En su discurso de posesión de 2014, sacó una declaración donde dijo: “Una de las cosas que no me gusta hacer es ir a Washington a limosnear”. Y cuando un laboratorio de Colombia le dijo que el glifosato sí hacía daño, inmediatamente paró la aspersión aérea. Y ahora se está dando cuenta de que esa decisión fue errada, demasiado apresurada. Y esto lo deja a él en una situación dificilísima.

¿Se refiere al aumento de los cultivos de coca en el país?

Santos es una persona a la que nunca le gustó la aspersión aérea sobre los cultivos de coca, no obstante que en Colombia se usa el glifosato en productos agrícolas que se consumen en la mesa. Después de más de cien pruebas hechas por científicos, nunca se llegó a concluir que estaba causando daño a la salud a personas que vivían cerca. Y súmele a esto que las Farc son muy inteligentes. Vieron que el Gobierno estaba diciendo que “en regiones donde hay coca vamos a poner plata para hacer cambio de cultivos”, y salieron ellos a amenazar con rifle a los tipos que estaban en las regiones de coca, a que plantaran más coca para traer más plata del Gobierno. Es decir: las Farc pueden ser brutales, pero no son pendejos.

Cambio de tercio: usted habla en su libro de personas que le decían “no le tenga mucha confianza a Uribe, es un tipo ligado con los narcos, que apoya a los paramilitares”. Hoy, después de tantos años, ¿cree usted que Uribe apoyaba a los paramilitares… y viceversa?

Cuando yo fui a Antioquia a visitarlo siendo gobernador, él tenía una gran reputación como buen gobernador y gran político. Yo tenía varias preguntas que hacerle, y una de ellas era por qué le había dado el control de expedir licencias para avionetas a César Villegas, un tipo que estaba dándoles esos permisos a naves ligadas al narcotráfico. Era algo que él sabía perfectamente. Y bueno, me dijo que se puso a buscar en Colombia a ver si había alguien que sabía de aviación civil, y no había… Y me dijo que Villegas se había graduado para hacer eso en una universidad de Toronto, y que por eso le ofreció el puesto. Y le dije sí, entiendo lo primero. Pero lo que no entiendo es por qué no lo sacó. Y no pudo darme una respuesta creíble. Habló mucho, ‘cantinfló’.

¿Sabía usted además lo de las Convivir de Uribe, que nacieron precisamente en Antioquia?

Claro. Yo le dije: “mire, eso de las Convivir no nos convence”. Él me dijo “es que no van a cargar armas. Serán personas de la región que estarán vigilando los bosques e informarán por radio que hay personas desconocidas en esos lugares”. No niego que me comí el cuento. Y con el pasar del tiempo me di cuenta de que era un señor extremamente hábil, pero muy creyente en lo de los paramilitares.

¿Usted cree que Uribe tuvo algo que ver con el auge del paramilitarismo en Colombia?

Por supuesto. Las Convivir fueron la raíz de lo que después se convirtió en un enorme problema. Cuando Uribe como presidente se dio cuenta de que ya los gringos estaban oliéndose todo, entonces decidió hacer el desarme de los paramilitares. Un desarme completamente chimbo, como usted sabe. Había unidades completas que nunca habían sido Convivir ni nada de esas cosas. Y Washington se quedó dormido.

¿Cómo así, usted cree que Washington fue alcahueta de Uribe en el tema de los paramilitares?

Sí.

¿Y eso por qué…?

Porque al acabarse esas acciones de Uribe y los paramilitares, se reduciría la violencia. Washington quería reducir la violencia en Colombia, y le comió el cuento. Es más, no le voy a decir ante quién, pero yo hablé con personas de muy alto nivel del Departamento de Estado a decirles “este señor Uribe les está vendiendo una historia falsa”. Yo nunca me olvido del pilón de armas que dejaron los paramilitares: muchas de ellas eran nuevas cuando Napoleón fue Emperador de Francia. Es decir, a otro perro con ese hueso. Pero Uribe tenía apoyo en el Congreso y EE UU quería reducir la violencia. Esas son razones de Estado con las cuales yo no concuerdo.

¿O sea que usted cree que quedaron estructuras paramilitares intactas después de esa supuesta negociación?

Es que se fueron a otros lugares. En lugar de seguir operando en los lugares donde habían estado, se fueron al sur y al este del país, a continuar sus fechorías. Ellos son los que ahora se dedican a la minería ilegal, a minería de piedras preciosas. Y mientras tanto el ELN muy feliz haciendo volar el oleoducto…

Teniendo en cuenta la inconformidad que usted siempre tuvo por igual hacia Ernesto Samper y Álvaro Uribe, ¿si le pusieran en una balanza a escoger entre ambos, con quién se quedaría?

Eso es un falso dilema. Samper solo tuvo un período de gobierno, mientras que Uribe consiguió que se cambiara la Constitución para que le permitieran un segundo período, y no contento ¡pidió un tercer período…! Pero el Congreso no le aguantó el sablazo.

martes, 19 de febrero de 2013

ABRIENDO CAMINOS (AJGF)


 Nota del editor: esta columna fue propuesta inicialmente para ser publicada en el portal arcoiris, pero por alguna razón, que no nos fue informada, el editor de dicha publicación electrónica no la acogió. 

  ABRIENDO CAMINOS 

¿Cuándo se rompe el nexo entre la memoria dolorosa del recuerdo traumático, y el odio que motiva a la venganza? Solo se vislumbra una posible respuesta: ¡!!Jamás¡¡¡. Pero ese jamás es relativo. ¿Como perdonar lo imperdonable? Surge la misma respuesta: ¡!!Jamás¡¡. Pero ese jamás no es absoluto. 

Si en Colombia no avanzamos hacia una cultura de la reconciliación, que nos permita hacernos concientes de lo débiles que nos hace el odio, que fractura la voluntad, no deja llegar a la paz e incita a la venganza violenta, no vamos a solucionar el conflicto armado colombiano, ¡!! Jamás¡¡¡ 

Tantos años de violencia acumulada en el recuerdo de generaciones de colombianos, crean una barrera casi impenetrable a la posibilidad de perdón y de reconciliación. 

Como pedirle a Gloria Cuartas que perdone, que se reconcilie, que deje a un lado tantos años de cientos, de miles de víctimas, de horrores acumulados, luego de que ella vio con sus propios ojos y sufrió en carne propia tanta violencia y tanto dolor? Es difícil. Es claro que nunca lo olvidará. Es imposible olvidar. Y ver su entrevista divulgada por el portal Arcoiris, no puede sino generar una reflexión sobre el perdón. Sin embargo es evidente que su lucha es por develar la verdad. 

La verdad es la base, el punto de partida de la reconciliación y la lucha de esta dama no es por castigar a los culpables sino por que se conozca la verdad. Y no es otra verdad mas del conflicto colombiano, de tantas que se quedarán entre la neblina y jamás se conocerán. 

Es una súplica dolorosa por que se conozca la verdad de Urabá, de donde surgió la Némesis de violencia contemporánea en Colombia y se exportó a todos y cada uno de los confines del país. 

Es extraño, pero es en Urabá donde se ha conocido de mejor manera en el país, como funcionó el fenómeno paramilitar. Los comandantes desmovilizados que incidieron sobre esa región, han expuesto en buena medida al proyecto paramilitar, han dado a conocer la parte de la verdad que ellos conocen. No es en vano que sea la única región donde se ha develado la realidad del proyecto político y económico del paramilitarismo para controlar el poder. 

Si no se ha avanzado mas es por que quienes fueron los verdaderos articuladores del proyecto paramilitar con las elites económicas y políticas, los hermanos Fidel, Carlos y Vicente Castaño, han sido asesinados. 

Estos y otros asesinatos han sido cómodos para el poder y funcionales completamente para la impunidad que se pretende al ocultar la verdad. 

Pero toca la señora Cuartas otro aspecto que es dramático, y es el silencio y la omisión cómplice de los millones de colombianos que cerrábamos los ojos a lo que ocurría en esa época en Urabá y en el resto del país, que no queríamos o no nos interesaba ver y otros que justificaban la conveniencia, con discursos políticos y económicos, aun desde el gobierno los medios de comunicación. Claro que no faltaron quienes siendo víctimas compartían en silencio pero apoyaban moralmente a los violentos, por sed de venganza o conveniencia. 

Sepulcros blanqueados llamaba Jesús a esos entes limpios por fuera pero llenos de odio, resentimiento y que simplemente veían pasar las cosas, con placer morboso o sea que se parecían en mayor o menor medida a lo que fuimos la gran mayoría de los colombianos en esa época aciaga. (que todavía continúa). 

Como darle sosiego a esa alma atormentada por el dolor del horror vivido? Es imposible, imborrable, jamás olvidará, jamás podrá borrar de su mente ese drama absurdo que le tocó vivir. Creo que nunca perdonará, pero estoy seguro que está haciendo su mejor esfuerzo para que la sociedad se reconcilie. 

Gloria Cuartas clama por la verdad, como punto de partida para la reconciliación. Es vehemente pero no habla con odio. Habla con dolor. No habla de venganza, no habla de penas, no habla de cárcel, no habla de sanciones legales. Solo pide que se conozca la verdad. 




PASTORA MIRA: DÈCADAS DE CONVERTIR EL DOLOR DE SAN CARLOS EN MEMORIA Y PERDÒN.

Pastora Mira: décadas de convertir el dolor de San Carlos en memoria y perdón  Este pueblo del oriente antioqueño fue el primero en tener un...