Mostrando las entradas con la etiqueta CIDH. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta CIDH. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de noviembre de 2013

"CUANDO LAS FARC INTENTARON HACER POLITICA" TRATANDO DE ENTENDER (23) ¿Por que esta guerra?



Cuando las Farc intentaron hacer política hace 29 años


En el gobierno Betancur se logró firmar el acuerdo de paz de La Uribe que le dio vida a la UP. Iván Márquez llegó al Congreso junto a 11 militantes más. Imágenes de una campaña que resultó trágica.


Por: 2Orillas | noviembre 06, 2013





El acuerdo de La Uribe que firmó el gobierno de Belisario Betancur con la guerrilla de las Farc en marzo 28 de 1984, posibilitó el nacimiento del Movimiento Unión Patriótica. Tal como sucede hoy con el Acuerdo sobre participación política las Farc pidieron garantías para que su vinculación a la vida política del país a través de las urnas. Distintos miembros de gobierno de los distintos partidos políticos viajaron a La Uribe, en el Meta a reuniones con la cúpula de la guerrilla de la que formaba parte Jacobo Arenas, Manuel Marulanda y formaban parte del grupo guerrillero quienes encabezan hoy las negociaciones en La Habana, además de Raul Reyes y Alfonso Cano.




Jaime Uribe, César Gaviria, Manuel Marulanda, Alfonso López, Jacobo Arenas, Jaime Castro, Noemi Sanin, Pedro Gòmez, Padre Rafael García Herreros.






El Comisionado de paz que posibilitó el acercamiento fue el libertal Johh Agudelo Rios. Lo acompañó inicialmente Otto Morales Benitez, quien entonces acuñó la frase “los enemigos agazapados de la paz”, con la cual anticipó el final fatal del proceso de paz.




2. John Agudelo RÍos y Manuel Marulanda


El proceso avanzó tanto que el Presidente Belisario Betancur recibió una delegación de la guerrilla en el Palacio de Nariño. Las Farc en alianza con el Partido Comunista se prepararon para participar en las elecciones de 1986 con Jaime Pardo Leal como candidato a la Presidencia y listas para el Congreso, las Asambleas departamentales y los concejos municipales.




Jaime Pardo Leal, Braulio Herrera y Belisario Betancur en la Casa de Nariño


La UP presentó a Jaime Pardo Leal como candidato a la Presidencia. Empezó campaña a comienzos de 1985 y lo acompañaron militantes del Partido Comunista pero también comandantes guerrilleros. En las regiones y en especial en la zona de conflicto la participación de la guerrilla fue grande. Lograron unos sorprendentes resultados electorales: 5 senadores, 9 representantes entre los que estuvo Iván Marquez, 23 alcaldes, 14 diputados y 351 concejales.




Jaime Pardo Leal en la carrera séptima de Bogotá con Braulio Herrera




Manuel Marulanda, Jaime Pardo Leal y Jacobo Arenas




Iván Márquez, Motta, Gilberto Vieira y Bernardo Jaramillo Ossa en el Congreso


En la campaña electoral de la UP se dieron a conocer figuras, como Angelino Garzón y Clara López que hoy, 25 años después figuran como alternativas electorales de la izquierda. La Presidencia la ganó Virgilio Barco y desde el principio de su mandato empezó un baño de sangre contra los militantes de la UP.




Angelino Garzón, Bernardo Jaramillo y Oscar González




Carlos Romero, Gilberto Vieira, Bernardo Jaramillo y Clara López


El candidato Jaime Pardo Leal fue asesinado el 11 de Octubre de 1987 y su sucesor Bernardo Jaramillo, el 22 de Marzo de 1990. A su entierro asistieron más de 200.000 personas y con el empezó una cadena interminable de muertes, casi todos en manos de grupos paramilitares. Fueron asesinados Leonado Posada, Bernardo Jaramillo, José Antequera y Eduardo Umaña Mendoza. El libro “Unión Patriótica. Expedientes contra el olvido” de Roberto Romero Ospina habla de 3.000 militantes de la UP asesinados. Para salvar sus vidas muchos lideres políticos regresaron al monte y con ello se fortalecieron las Farc pero se enterró la primera posibilidad de haber logrado un acuerdo de paz con los alzados en armas. Se calcula que en los últimos 25 años el conflicto colombiano ha dejado 200.000 víctimas.




Multitudinario entierro de Jaime Pardo Leal


Fotos: Unión Patriótica. Expedientes contra el olvido. Recopilación de Roberto Romero Ospina. Archivo del semanario Voz, Reiniciar, H.I.J.O.S, Colombia, Presidencia de la República.

martes, 16 de julio de 2013

"MANUEL PEREZ: ME SIENTO COLOMBIANO" RATANDO DE ENTENDER (21) Por qué esta Guerra.



Me siento colombiano sin renunciar a España.
ENTREVISTA A MANUEL PEREZ, EL CURA PEREZ O POLIARCO, COMANDANTE DEL ELN (19979


Entrevista con Cristina Fernández

Diario El Mundo de Madrid

25 de Mayo de 1997

Tras un lustro de silencio, Manuel Pérez, el cura aragonés que dejó la sotana para liderar la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, (ELN), ha concedido al periódico El Mundo una entrevista ideológica. Unos le conocen como Poliarco. Otros le llaman El Depredador. Para la mayoría es el cura Pérez, el sacerdote español que lidera el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el grupo guerrillero más radical del país.

Nacido en el pueblo de Alfamén, a unos 40 kilómetros de Zaragoza, de cejas pobladas y pelo lacio, lleva casi tres décadas intentando conciliar el cristianismo, el marxismo y la revolución. A mediados de los sesenta, Manuel Pérez, de 54 años, llegó a Colombia como misionero. Trabajó en los barrios marginales de Cartagena, fue expulsado del país y volvió ocho meses después. Al calor de la revolución castrista y de las lecturas del Che, cambió la sotana por el fusil. Su primera aparición pública como cura guerrillero fue en enero de 1972, en la toma de la población de Remedios. Después de combate, los vecinos se arrodillaron para recibir su bendición.

Desde aquel suceso han transcurrido 25 años. Entonces se dormía en las guardias; ahora es un comandante inflexible, que dirige a 5000 hombres que luchan en 30 frentes. El gobierno colombiano ofrece 150 millones de pesetas por su cabeza Vive en algún lugar de las montañas de Colombia: inaccesible a la prensa. Sin embargo, Manuel Pérez contestó a las preguntas enviadas por El Mundo e hizo llegar las respuestas grabadas en una cinta.

Usted se integró al ELN en 1969 ¿Se imaginaba entonces que 30 años después seguiría en el monte?

Mi decisión fue optar por los pobres dentro de la dialéctica de la lucha de clases, la contradicción entre los ricos y los pobres. No pensaba cuanto tiempo viviría en las montañas. Mi opción por los humildes era de por vida, hasta las últimas consecuencias.

¿Cómo era la lucha armada entonces y cómo es ahora?

Lo que encontramos distaba mucho de ser la guerrilla ideal que habíamos soñado, que habíamos leído en los escritos del Che. Era una guerrilla nómada, esa guerrilla de “muerde y huye”, en la cual se dan muchos roces, muchas dificultades internas, poca relación con la población. Hoy la lucha armada tiene otro enfoque. Está más ligada a la gente. Se sabe en qué pueblos está establecida. Los dirigentes somos públicos, reconocidos y contamos con su apoyo.

¿Cómo justifica la lucha armada?

No hay otra alternativa real para transformar las actuales estructuras de gobierno, de Estado y de poder La insurgencia surgió porque la lucha del pueblo era sofocada de forma violenta. El terrorismo de Estado provocó la violencia revolucionaria. Por eso es legítima la lucha armada. También mantiene la esperanza en una nueva sociedad, en un hombre nuevo.

¿Cómo logró reconciliar la doctrina cristiana con la violencia?

Para mí la opción cristiana siempre fue la opción radical por los más pobres, como motivación de vida, como motivación de fe, esto traía como consecuencia un compromiso político y asumía los enfoques revolucionarios que regían y eran la guía en aquel tiempo y que hoy son válidos. Si hay pobres es porque hay ricos que excluyen, que viven del trabajo y de la explotación. Por tanto, asumir el marxismo y el socialismo no era una contradicción. Efectivamente, eso llevaba a romper muchos dogmas, muchos esquemas. El capitalismo no ha resuelto los grandes problemas de la humanidad. El mundo es destruido irracionalmente en aras de la producción que va a parar a manos de unos pocos. No importa que el mundo se destruya con tal de que la ganancia sea cada vez mayor.

¿Qué ocurrió para que dejara la Biblia?

Ni yo ni otros compañeros hemos necesitado abandonar la Biblia. Desde la fe llegamos a ese compromiso radical de ser uno más del pueblo explotado. Integrarnos en un movimiento insurgente era la única responsabilidad que teníamos de seguir acompañando y formando parte de ese pueblo.

¿Tiene relación con su familia en España?

Sí, aunque poca y de forma indirecta. Quiero mucho a mi familia, pero ellos viven su vida en España y yo vivo mi compromiso con el pueblo colombiano. Me siento parte de él.

¿Se considera más colombiano que español?

Me siento colombiano sin renunciar a España, a mi nacimiento allá, a mi familia, a la gente con la cual conviví. Quiero y aprecio mucho aquella vida que llevé. Pero sigo comprometido con mi lucha.

¿Desde cuando no visita su pueblo, Alfamén, en Zaragoza?

Desde hace 30 años, desde que me vinculé definitivamente a esta lucha guerrillera.

¿Sí o no al diálogo con el gobierno de Samper?

No. El gobierno de Samper sigue siendo ilegítimo, sin personalidad, sin palabra. Se ha arrodillado ante el imperio, al neoliberalismo. Eso no quiere decir que no estemos buscando alternativas, soluciones, para construir una paz con justicia social, con democracia, con participación de las mayorías, con distribución de las riquezas...

¿Están agotados los caminos de la desmovilización en Colombia?

Sí. No se puede entender cómo unos dirigentes dejan las armas a cambio de prebendas. La guerrilla surgió de las entrañas del pueblo, como reacción y consecuencia del descontento social, del hambre, de la falta de vivienda, de salud, de democracia, del sufrimiento. No se puede pensar en la desmovilización sino en la transformación de las causas que originaron la violencia.

Se les acusa de intransigentes, de financiarse con el secuestro, de ejecutar a los que abandonan las tilas de la insurgencia.

Detenemos a gente que se ha enriquecido ilícitamente. Hoy el gobierno también lo está haciendo con los narcotraficantes. Detenemos a los terratenientes, se les juzga, se analiza sus riquezas y se les exige fianzas a cambio de la libertad. Se les explica que ese dinero va a manos del pueblo, a manos de una causa justa y noble como es la lucha por ideales. Efectivamente, exigimos impuestos de guerra a multinacionales.

Pero es falso que los compañeros que quieran abandonarnos sean ejecutados. Cuando se incorporan asumen libremente su compromiso, pasan por un tiempo de reflexión, de prueba, y libremente pueden plantear su retirada. Si el compañero desea no asumir ningún compromiso, se le deja en libertad. Se le exige únicamente que guarde los secretos que haya conocido en la organización, sin comunicárselos al enemigo.

¿Están dispuestos abandonar los atentados contra los oleoductos si el Gobierno cambia su política petrolera?

Queremos impedir que ese petróleo llene los bolsillos de grandes multinacionales. Queremos que haya una explotación racional, que se acaben los Contratos de concesión, que es casi regalar los pozos de petróleo. Queremos también que los precios sean acordados por el Gobierno y no por las empresas. Luchamos también por motivos ecológicos. Grandes regiones quedan asoladas. Planteamos que se destine un dólar por barril extraído al desarrollo social y económico de los municipios implicados en la explotación del petróleo.

¿Van a incrementar los ataques? ¿Cuáles son los objetivos militares del ELN?

Estamos en guerra y los ataques de una y otra parte dependen siempre de la actitud del contrario. Lo único que decimos es que no abandonamos las armas, que seguimos esta lucha, que queremos la paz, que queremos que esa paz sea con justicia social y que no nos amedrenta lo sanguinario que es el ejército colombiano, las políticas retorcidas y las mentes retorcidas de los dirigentes que representan a las oligarquías de este país.

Hay que hacer notar que la periodista Cristina no es la K.

jueves, 28 de febrero de 2013

"HIDEPUTAS" TRATANDO DE ENTENDER (16) por qué esta guerra.








N. del E.: Continuando con la serie TRATANDO DE ENTENDER, traemos  una dolorosa crónica de Juan Gossain, sobre la indolencia y el despilfarro asesino de clase política colombiana.
Tomado de eltiempo.com 





HIDEPUTAS…¡Hideputas!



Por JUAN GOSSAÍN

ESPECIAL PARA EL TIEMPO

Excúsenme si parezco furioso: lo estoy. Esperé una semana antes de sentarme a escribir, pero no se me pasa. 
EL CRIMEN QUE SE HA COMETIDO CLAMA JUSTICIA AL CIELO. 
Voy a contarles la historia.

San Estanislao de Kotska, con su nombre de santo polaco, es un pueblo de 15.000 habitantes, en el departamento de Bolívar, situado apenas a 40 kilómetros de Cartagena. Por allí se le conoce simplemente como Arenal.
En la víspera de Nochebuena murieron dos niños, uno, de 2 años, en Arenal, y el otro, de 7 meses, en Soplaviento, la aldea de músicos que le queda al frente.
Estaban recogidos con sus familias en albergues para damnificados del invierno. Los dictámenes médicos fueron iguales en ambos casos: muerte por desnutrición. Los aguaceros de los últimos años han ocasionado tantos estragos en las riberas del canal del Dique que ya no hay comida. Un sacerdote amigo mío vio a una madre con sus hijos almorzando las hojas que arrancaban de un palo de limón a la salida de Calamar.

Ese mismo día, mientras los vecinos piadosos recogían dinero en la calle para enterrar a los niños, en una bodega de la zona industrial de Cartagena tuvieron que destruir 12.000 RACIONES DE COMIDA que la GOBERNACIÓN DE BOLÍVAR HABÍA COMPRADO HACE CUATRO AÑOS, para socorrer a las víctimas del invierno, pero que acabaron pudriéndose en un depósito.
No eran solo alimentos. En las cajas también había varias medicinas, entre ellas suero glucosado para rehidratar a los hambrientos. Es probable que con un par de esas botellas los dos niños se hubieran salvado. 

HISTORIA DE UN CRIMEN

El gobernador Libardo Simancas, que estaba a punto de dejar su cargo para ser investigado por vínculos con la parapolítica, ordenó que se compraran 12.000 mercados a unos licitantes de víveres que los cotizaron por 4.000 millones de pesos.

Joaco Berrío, el nuevo gobernante, acusó a su antecesor de haber hecho una compra amañada y sin los requisitos que exige la ley. Según declaró públicamente, temía que al repartir esos alimentos lo metieran en la cárcel. En aquella ocasión le dije por radio que es mejor terminar preso por repartir comida que por dejarla pudrir.
Prefirió ordenar que almacenaran los mercaditos en una bodega contratada mientras se adelantaba una "INVESTIGACIÓN EXHAUSTIVA" que no llegó a ninguna parte. (Malditas sean las investigaciones exhaustivas en Colombia. Todavía no hemos podido saber quién asesinó al mariscal Sucre ni quién ordenó que mataran a Gaitán.)
A Berrío lo destituyó la Procuraduría por otras razones. 
Llegó un tercero, Jorge Mendoza, tan fugaz que ni tuvo tiempo de averiguar dónde diablos era que estaba guardada la comida.

En el 2010 convocaron a votaciones atípicas para que alguien gobernara los nueve meses que hacían falta. Solo participó el 10 por ciento de los ciudadanos. Apareció Alberto Bernal, el cuarto mandatario, y, según él mismo ha dicho, desde el día de su posesión ya los mercaditos estaban dañados.
Pasó el tiempo. Llovían las explicaciones legales, hubo una inundación de incisos y parágrafos, cayó un diluvio de intrigas, metieron sus manos diputados y concejales, y así, entre martingalas de leguleyos y bellaquerías de políticos, la bodega terminó por convertirse en un pudridero.

LA IRA DE DIOS

Los vecinos del depósito empezaron a quejarse. Los olores apestaban. 12.000 CAJAS DE COMIDA PARA SERES HUMANOS se habían convertido en un banquete de ratas y en basurero de cucarachas.
Hasta que la semana pasada un grupo de especialistas decidió que se procediera a destruir los mercaditos con candela porque eran un peligro para la salud pública. Yo no sé cuál de todos esos gobernadores es el culpable, o si lo son todos, porque cada uno cuenta un cuento distinto y cada quien trata de sacar sus chorizos del humo.

Solo espero que la ira de Dios caiga sobre los responsables de una infamia como esta, ya que la justicia de los hombres no solo es ciega, sino sorda. Y que les tenga reservada una paila del infierno más caliente que el fuego de los mercaditos, para que prueben una cucharada de su propia medicina. Son más condenables que la guerrilla, los narcotraficantes y los paramilitares juntos.
Este crimen de lesa humanidad es más horrendo que el de los parásitos financieros de Wall Street, que los fraudes electorales de Putin en Rusia, que las masacres de Gadafi en Libia, que las palizas del Ejército sirio contra los manifestantes de Damasco.

Pero aquí, en Colombia, tierra del café más suave del mundo y de las esmeraldas más bonitas, nadie se indigna, nadie ocupa una plaza para expresar su protesta, nadie abre la boca. Nadie se estremece. ¿Es que aquí a nadie le duele nada? ¿Qué es lo que tenemos en las venas? ¿Chicha de maíz?
Las estadísticas más confiables señalan que casi cuatro millones de colombianos se acuestan cada noche sin haber comido. De ellos, la mitad son niños. Pero la plata del Bienestar Familiar no alcanza para llenar el barril sin fondo de tanto contratista ladrón. Y en Cartagena dejan pudrir 12.000 mercados.

SIGAMOS EN ESAS, SIGAMOS; SIGAMOS FELICES, COMO NERÓN, TOCANDO EL ARPA MIENTRAS ROMA ARDE.

EPÍLOGO PARA UNA INFAMIA

Y faltan más horrores. Ya dije que el suministro de los mercados perdidos se contrató hace cuatro años por 4.000 millones de pesos. Como nunca les pagaron, ahora los proveedores exigen 9.000 millones, un incremento del 125 por ciento, a lo que hay que añadirle el precio hasta ahora desconocido de cuatro años de bodegaje, más 44 millones de pesos adicionales que cobraron los encargados de destruir la podredumbre.

No escribo con tinta de computador, sino con sangre, porque Altenberg me enseñó que QUIEN ESCRIBE CON SANGRE APRENDE QUE LA SANGRE ES EL ESPÍRITU.

A punto de terminar, busco en la cabeza una palabra precisa para referirme a quienes hayan sido los causantes de esta monstruosidad. Todos los epítetos me parecen pobres ante la magnitud de lo ocurrido. Decía Cervantes que "solo hay una palabra, y solo una, para expresar lo que un hombre está sintiendo". Pero ninguna sirve para deshacerme del tarugo que tengo enquistado en el fondo del corazón.

Hasta que la encontré ahí, en las páginas del propio Cervantes. Cuando aquellos truhanes de una hospedería del camino lo molieron a palos, Don Quijote salió del lugar lanzándoles todos los improperios que se merecían: bribones, sinvergüenzas, granujas, perversos, malignos, villanos. No contento con ello, subió a su caballo sarnoso y, antes de volver grupas para marcharse, se asomó por la ventana de la posada, llenó de aire los pulmones, abrió la boca hasta donde pudo y, con toda la fuerza de su alma, les gritó: -¡ HIDEPUTAS !

viernes, 4 de mayo de 2012

ESTIGMATIZADOS (AJGF)



NOTA DEL EDITOR: Reproducimos la columna publicada en la revista Arcoiris, para internet (www.arcoiris.com.co ) originalmente bajo el titulo de "ESTIGMATIZADOS". Llamamos la atención sobre este problema de la humanidad, y de los colombianos, que polariza, divide y constituye en nuestro concepto, el principal obstáculo para la reconciliación. Nos referimos en él a nuestros reconocidos estigmas, con los nos que discriminamos y victimizamos mutuamente a nuestros próximos, pero nos faltó nuestro mayor estigma, y el mas lamentable, por ser en buena parte culpa de todos, y es el estigma de "COLOMBIANO" con el que se nos señala y discrimina en casi todo el mundo.





ESTIGMATIZADOS





Siempre en el maniqueísmo: somos los buenos y los otros son los malos. Y a los malos hay que señalarlos. A través de toda la historia de la humanidad y desde luego de la de Colombia, muy convulsionada por cierto, se ha utilizado el señalamiento y la estigmatización del otro como una herramienta de poder. Por eso encontramos a través de todo el tiempo los extremos descalificadores que unos y otros, defensores de intereses en pugna por cualquier razón, utilizan en contra de aquellos a quienes ellos designan como sus contrarios, o peor aún, como sus enemigos. Y en ese señalamiento todo vale, incluso verdades a medias, injurias, calumnias, mentiras y engaños.


Es así como rápidamente podríamos elaborar una lista de epítetos estigmas, que en muchos casos sirven de epitafios en los violentos resultados de la intolerancia.


Nuestra historia esta llena de ellos, utilizados por los unos para señalar a los otros como sus designados objetivos: Realistas, comuneros, negros, blancos, indios, cholos, mestizos, artesanos, comerciantes, gólgotas, draconianos, sabios, brutos, costeños, cachacos, paisas, machistas, feministas, maricas, lesbianas, sindicalistas, comunistas, patronos, patronistas, esquiroles, liberales, conservadores, gringos, guerrillos, paracos, up, putas, putos, masones, ateos, izquierda o derecha, creyentes, mamertos, esperanzados, corrientosos, hincha del uno, hincha del otro, elenos, faruchos, milicos, desmovilizados, tombos, polochos, tiras, y todas esas “manchas” que puestas en el otro, son motivo de discriminación, por ser el síntoma de una diferencia que “desagrada” a la masa. Porque el señalado no ubica su pensamiento o su actuar dentro de lo “políticamente correcto” o manifiesta no estar de acuerdo con lo que ordena el poder en el momento, y pasa a ser motivo de supuesta vergüenza, proyectada en el otro hasta el punto de llegarle a hacer creer a los demás que el estigmatizado sí es raro, un fenómeno, algo que la sociedad rechaza. Y los demás, no solo se adhieren a la tesis del rechazo, sino que actúan en consecuencia.


El estigma es un arma de guerra, y de las peores, pues “la masa” lo asume sin ningún análisis, es una potente inyección de odio que llega inmediatamente bajo la piel y paraliza el cerebro. De ahí que fuera en su momento el eje central de la maquinaria de propaganda nazi, y todos conocemos sus consecuencias.


Desde el lenguaje, siempre tenemos para el otro, contrario a nuestro interés, un adjetivo descalificador, hasta el punto que muchos casos han producido y seguirán produciendo tanta violencia física, pero en todos los casos lo que se genera es violencia psicológica y de la peor. Es una declaración unilateral de guerra, reconvención y descalificación en contra de la diferencia que individualiza y que permite que cada ser humano sea único, independiente y autónomo, haciéndolo verdaderamente valioso.


Nos acostumbramos (o nos enseñaron) a ver el mundo en blanco y negro, y a adherirnos a un solo color, rechazando el otro, desconociendo que la humanidad no es bipolar ni gris sino un caleidoscopio con miles de millones de “pixeles” cada uno de un color distinto del otro.


La diferencia, que apenas ahora después de miles de años de humanidad se está empezando, muy tímidamente, a reconocer y a respetar, ha sido motivo de violencia y de millones de asesinatos a través de toda la historia, y muy a nuestro pesar, seguirá siéndolo.


Todo esto puesto en el escenario de hoy, en el que queremos superar el conflicto, voltear la dolorosa página de la historia y abrir la de la reconciliación Nacional.





¿Qué hacer?






miércoles, 22 de febrero de 2012

"LOS JUECES ESTAN EN UNA TRAMPA MORAL" TRATANDO DE ENTENDER


Nota del editor: 

Nos alejamos de la politica de no publicar textos de otros medios, pero en este caso es absolutamente necesario transcribir una entrevista al académico Iván Orozco, quien hace una radiografía en nuestro concepto de lo que está ocurriendo en la justicia colombiana.  Coincide totalmente con los conceptos que hemos venido exponiendo en este blog, y deja ver el papel real que debe jugar la justicia en la reconciliación, y como no lo está haciendo. Resaltamos el criterio del profesor Orozco, quien será otra voz que clama en el desierto, pero que ya logró por lo menos decirlo publicamente  y con valentia en un medio de trascendencia como la revista Semana, cuna de "la Verdad Abierta".



"LOS JUECES ESTÁN EN UNA TRAMPA MORAL" (ENTREVISTA A IVÁN OROZCO)
Sábado 18 Febrero 2012

El abuso de la figura de lesa humanidad, la sacralización de las víctimas y satanización de los victimarios, y el sesgo antiestatal de los derechos humanos son algunos de los problemas que tienen a la Justicia dando bandazos, según Iván Orozco. 


Iván Orozco es uno de los intelectuales más interesantes del país. Como profesor de la Universidad de los Andes y como miembro del grupo de memoria histórica ha puesto el dedo en la llaga sobre las encrucijadas de la Justicia, de los derechos humanos y de la guerra misma. Es políticamente incorrecto, pero sus reflexiones son tan controvertidas como pertinentes. SEMANA lo entrevistó a raíz del fallo reciente del Tribunal Superior que ratificó la condena al coronel Alfonso Plazas Vega, para saber qué tanta verdad se está reconstruyendo con estos fallos.



SEMANA: ¿Tiene pies o cabeza que el expresidente Belisario Betancur sea llamado por la Corte Penal Internacional como lo sugirió en su reciente fallo el Tribunal Superior de Bogotá?


Iván Orozco: Eso tiene que ver con el perrateo del concepto de lesa humanidad y es un error de la judicatura. Están calificando los crímenes como de lesa humanidad por su gravedad y eso no tiene nada que ver con el Estatuto de Roma. La CPI califica los crímenes de lesa humanidad por su carácter sistemático y masivo. Nuestras cortes están haciendo un ejercicio de memoria infinita hacia adelante y hacia atrás que, en casos como este, lo único que se hizo fue echarle leña al fuego y favorecer la polarización.


SEMANA: ¿Hay una paradoja moral en el hecho de que Gustavo Petro sea alcalde y el Ejército tenga que pedir perdón?


I.O.: Lo que ocurre es que el discurso de los derechos humanos tiene un sesgo antiestatal, porque nace para controlar al Estado absolutista del Leviatán, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial y la experiencia del Estado totalitario, que era el gran victimario potencial. Los derechos humanos corrigen la asimetría entre el poder del Estado y el del ciudadano. Pero se paga un costo alto por eso porque se hacen muy visibles las responsabilidades del Estado y se vuelven invisibles las de los enemigos de este. 


SEMANA: ¿Eso es lo que se le puede criticar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos?


I.O.: Yo creo que la CIDH es heredera de la tradición de Núremberg. La Segunda Guerra Mundial fue una guerra total en la que ninguno de los bandos respetó la distinción entre objetivos civiles y militares, donde hubo todo tipo de retaliaciones y un proceso de victimización horizontal. Sin embargo, en los juicios de Núremberg se separaron de manera radical los campos de la víctima y el victimario. Los actos de guerra se sacaron de su contexto y se presentaron como ocurridos en una dictadura. Fue una justicia de vencedores. Ese legado casó como anillo al dedo en la América Latina de las dictaduras militares donde el Estado tenía el monopolio de los instrumentos de barbarie, mientras la población estaba indefensa. Montada sobre esos dos pilares, la Corte Interamericana es punitiva en exceso. 


SEMANA: Entonces ¿es cierto que los jueces no entienden la guerra?


I.O.: En parte es cierto porque con la lupa de los derechos humanos no pueden ver el colapso del Estado y las múltiples responsabilidades en la victimización. Está bien que hablen de verdad, justicia y reparación y empoderen a las víctimas. Eso es un avance civilizatorio. Pero si se somete el Derecho Penal a esa lógica, se desbalancea el equilibro entre derechos de las víctimas y del reo. Se construye un derecho penal de enemigo. 


SEMANA: Por ese camino ¿está la Justicia cerrándole el camino a un eventual proceso de reconciliación?


I.O.: Los jueces están metidos en una especie de trampa moral. Tienen pánico moral porque los discursos humanitarios han ido demasiado lejos en la construcción de una víctima y de un victimario ideal. Prueba de ello es la incapacidad para trajinar con las víctimas políticamente complejas.


SEMANA: ¿Cuáles son esas?


I.O.: Víctimas que tienen una responsabilidad por ejemplo en los hechos que condujeron a su propia victimización. En el proceso de justicia y paz ha habido situaciones como que unas víctimas reconocieron que habían participado en el secuestro de uno de los jefes paramilitares imputados. El sistema deja a un lado esa complejidad. Trabaja con víctimas y victimarios puros, seguramente para lograr que funcione. Pero eso tiene un efecto brutal porque separa de manera radical la justicia de la verdad. 


SEMANA: Pero mostrar esa complejidad puede terminar por servirle de justificación al victimario… 


I.O.: Ese riesgo existe. Yo acepto que en un primer momento, con miras a empoderar a las víctimas, sin duda va a ser más fácil la restitución de tierras si tenemos una visión purificada de ellas. Pero en el mediano plazo eso se convierte en una trampa porque la sociedad está llena de zonas grises, que son la humanidad compartida entre victimarios y víctimas. 


SEMANA: ¿Y qué es exactamente una zona gris?


I.O.: Un ejemplo perfecto de figura de zona gris es Irma Franco, la guerrillera desaparecida en el Palacio de Justicia. Ella es victimaria porque hace parte del grupo que se toma el Palacio. Pero en la medida en que sobrevive a la batalla de la contratoma y queda en condición de indefensión se convierte en víctima. Un principio básico es que la víctima no lo es por inocente sino por indefensa. Para la sociedad es importante mandar el mensaje de que las víctimas complejas son víctimas. Pero la Justicia no ha sido capaz de representar a ese tipo de víctimas. 


SEMANA: ¿Ese es el caso por ejemplo de muchos miembros de la UP?


I.O.: Ahí puede haber una gran zona gris.


SEMANA: Con la tesis de la responsabilidad mediata que condenó a Plazas Vega, y en un país con tantos crímenes de guerra ¿se va a ir medio Ejército para la cárcel?


I.O.: Yo digo que en las cortes hay un pánico moral, una incapacidad para reaccionar razonablemente frente al problema de la impunidad y una gran incapacidad de ser selectivos. Si hay algo patético es la sentencia de la Corte Suprema de Justicia que equipara el concierto para delinquir agravado con un crimen de lesa humanidad. Eso empantana la Justicia. ¿Qué puede hacer una Fiscalía a la cual le presentan la guerra colombiana como un bloque de acero constituido todo por un solo crimen de lesa humanidad?


SEMANA: ¿Qué consecuencias tendrá esto para un eventual proceso de paz?


I.O.: En el pasado, cuando se negociaba la paz se daba por descontado que la Justicia no alcanzaba las cúpulas porque era con ellas que se negociaba. La nueva conciencia humanitaria está interesada sobre todo en la responsabilidad de las cúpulas. Ese es el problema más serio para una negociación. 


SEMANA: En ese caso ¿tienen entonces razón los militares al buscar un fuero ampliado?


I.O.: Sentencias como la del Tribunal Superior, en la medida en que contienen despropósitos como lo de Belisario, dan papaya para quienes defienden el fuero ampliado. Personalmente no comparto eso. En la medida en que se prolongue la guerra, un fuero ampliado le quita control al Estado sobre la gestión militar y el precio que se paga en legitimidad internacional es muy alto. 


SEMANA: Pero si se trata de un Ejército vencedor… 


I.O.: Una guerra que se barbariza es una guerra en la cual el Ejército no puede mostrarse como el único que no incurrió en barbarie o que aquella fue cometida por cuatro manzanas podridas. Hubo momentos donde la ideología forzó la barbarie, como en los años setenta y ochenta, con la doctrina de seguridad nacional y que explica en buena medida que el Ejército se haya ensangrentado profundamente en la guerra. Quienes aquí piensan que pueden hacer una justicia de vencedores, de autoamnistía, donde ellos van arropados en la bandera como héroes y los enemigos son los únicos que cometieron barbaridades, están equivocados.


SEMANA: Pero el presidente Santos parece respaldar esa aspiración… 


I.O.: Él es el comandante en jefe del Ejército en un país en guerra. No tiene margen de maniobra y se expone a una fractura que ni yo quiero imaginar. Por eso la paz negociada es una fórmula necesaria aun en un contexto de victoria estratégica del Estado porque permite construir una verdad y una memoria del conflicto. 


SEMANA: Pero si no hay una negociación ¿cómo lidiar con el pasado?


I.O.: Estamos aprendiendo sobre la marcha. Creo que las cortes deberían sacudirse un poco de la obediencia debida a la jurisprudencia del exterior. Debería ser una obediencia reflexiva. El viejo principio de soberanía debería ser retomado a la luz de la pertinencia. 


SEMANA: Pero es real que la CPI u otras cortes pueden llegar a intervenir en Colombia, y de hecho, cada día el Estado es condenado… 


I.O.: La CPI como tribunal penal que es, y a pesar de ser heredera de Núremberg, todavía recoge la tradición liberal y es capaz de pensar políticamente criterios de selectividad. De hecho, la Fiscalía de la CPI tiene una discrecionalidad para decidir si escoge o no un caso. Y ello indica que la selectividad es legítima. El sistema interamericano, en cambio, está creando un impacto terrible. Hoy el galimatías de las jurisprudencias para un futuro proceso de paz es inaudito. Hay contradicciones y enredos entre terrorismo, delito político y derechos humanos, es un paquete inmanejable y que configura un muro frente al que va a ser muy difícil negociar. 

PASTORA MIRA: DÈCADAS DE CONVERTIR EL DOLOR DE SAN CARLOS EN MEMORIA Y PERDÒN.

Pastora Mira: décadas de convertir el dolor de San Carlos en memoria y perdón  Este pueblo del oriente antioqueño fue el primero en tener un...